jueves, junio 03, 2010

Y ¡¡¡Viva el Bicentenario!!!




En los últimos meses, hemos sido constantemente atacados por una serie de publicidad y mexicanismos baratos en los cuales, nos invitan a ser "Patriotas" debido al aniversario número 200 de la Independencia y número 100 de la Revolución Mexicana. Banderas van y vienen, obras públicas debajo de más obras publicas, calles y fachadas en remodelación y bueno, ni que decir de los 1000 diferentes tipos de comerciales en radio y televisión, que más allá de exaltar nuestro orgullo de pertenecer a esta patria hermosa pero tristemente en decadencia, hacen que en nuestra garganta se anude, con ayuda de la impotencia, la desesperación y la ira cocinada en nuestras entrañas por cada suceso que ocurre en nuestro país, un grito más bien ahogado y poco profundo que lo único que clama es: ¿Realmente hay algo que festejar en este Bicentenario?

No pretendo hacer un análisis exhaustivo ni mucho menos, simplemente pretendo plasmar como no es solo una teoría psicológica el hecho de que los mexicanos no tenemos memoria colectiva (Conjunto de representaciones y juicios interpretativos del pasado que están compartidos en un momento dado por la mayoría de individuos que constituyen un grupo social o una sociedad) y mucho menos memoria histórica, lo cual, nos lleva a abrirle paso al olvido, y eso, en esta sociedad, es un cáncer letal que poco a poco nos ha ido llevando por senderos ya caminados, que no reconocemos, porque así como la memoria es un proceso social, el olvido también lo es y si todos olvidamos, entonces no hay nadie que nos diga que esto no es un “Bicentenario” digno de celebrar, sino un “deja vue” (Sensación de haber vivido una situación anteriormente) de los peores años de nuestra historia como país.

La identidad es producción de sí mismo, significa ser lo que uno ES a partir de lo que se FUE. Significa quedar cristalizado en la memoria social. Los sucesos históricos que nuestra patria ha vivido han quedado por siempre grabados en la patria; plasmados en murales, libros propios y extranjeros, monumentos, ceremonias y hasta en el mismo aire que nos ronda… Tristemente, pareciera que en único lugar en el que nuestros liberadores, nuestros mártires, nuestros héroes, no han hecho el suficiente eco como para ser recordados y llevados como estandartes en el día a día, es en esta sociedad. La misma sociedad por la que lucharon. Las mismas personas que ellos vieron a su paso: mujeres con el vientre abultado y rodeadas de niños pidiendo limosna; los grandes mandatarios, dictadores muchas veces vistos como “héroes”. Las mismas caras, los mismos deseos, las mismas impunidades. La misma sociedad que ya olvidó el por qué de su lucha. Cerrando los ojos, estando en la Alameda, no puedo evitar sentirme en aquel maravilloso año de 1910 en el cual hombres y mujeres, pies descalzos y los más finos botines se sonreían a la par, porque en el aire se sentía que pronto se volvería a hacer historia y esta vez, ellos serían parte de esa liberación. Al caminar por el Paseo de la Reforma, (debo confesar que es uno de mis rincones favoritos de la ciudad) y respirar esa columna imponente de una Victoria Alada que sostiene una cadena rota, mi mente se vuelca en aquel mismo año, en donde toda la ciudad estaba llena de obras públicas; los elegantes carruajes de los grandes señores pasaban horas detenidos en calles como Mesones y San Cosme, solo para atravesar un cuadro de la cuidad, la cual estaba siendo vestida para conmemorar aquella vieja lucha. Las señoritas de sociedad y el cuadro de colores del tianguis mañanero se mezclaban en un mismo marco, mientras el Arquitecto Rivas Mercado forjaba lo que sería símbolo de Independencia y recordatorio de nuestra libertad: El Ángel.

En aquellos tiempos, se celebraría el centenario de la Independencia de México, pero también se cocinaba lentamente y con paso constante, un vuelco a la estabilidad desequilibrada que se vivía. La población de la sociedad ascendía rápidamente a cuatrocientos mil habitantes y para la celebración de este centenario, los nombres de Villa, Orozco, Madero, Zapata y Carranza resonaban con el mismo peso que los nombre de los protagonistas de aquel aniversario: Hidalgo, Morelos, Allende, Vicario, Ortiz de Domínguez.

¿Por qué? Simple. Era gente que cambiaría la historia de nuevo. Era gente que luchaba por ideales, por y para su país. Era gente que como hacía cien años, no tenían armas, no tenían preparación, no tenían un plan, pero tenían hambre. Tenían hambre de justicia, tenían hambre de disfrutar la libertad por la cual aquellos héroes habían derramado su sangre. Tenían sed de venganza contra todos aquellos opresores, pero sobre todo, tenían VALOR, tenían amor a la patria y a los suyos. Sabían que como lo dice la sagrada Bayamesa, “Morir por la patria es vivir” y no temían hacerlo, y lo hicieron…

La Revolución Mexicana y la Independencia Nacional fueron sucesos marcados por infinidad de factores históricos y sociales. Errores y aciertos, hubo al por mayor. Situaciones de salvajismo, sinsabores, pero todo dirigido a un fin… Y, ¿Cuál es el fin de esta sociedad, a cien años de aquel valiente movimiento y a doscientos de aquel que nos dio Patria y Libertad? La respuesta está en el aire… La respuesta ni siquiera se puede ver. Señores, NO TENEMOS NADA QUE CELEBRAR! La sangre de nuestros héroes yace sin sentido sobre veredas, si, llenas de olivo, pero sin sentido, porque estos, sus hijos, no tenemos el valor que teníamos hace cien años. Porque nosotros, los liberados, nos gusta más ser oprimidos, disfrutamos más de la mediocridad y la indiferencia, que de luchar por lo que en menos de cien años, nos ha sido robado: nuestra PATRIA y LIBERTAD. ¿Por qué? Porque simplemente olvidamos. Por que no tenemos memoria colectiva. Porque cada que recordamos los aniversarios de 1968 en Tlatelolco, 1997 en Acteal, 2009 en Hermosillo, ayer 2010, en cualquier calle anónima de la ciudad, volteamos la mirada a otro lado, como si con eso borráramos de la historia las muertes, la sangre y la infamia vivida hasta el día de hoy.

Se repite la historia. Un poco más acribillada que ayer. Y olvidamos. Un poco más muerta que mañana. Los tiempos cambiaron. Las mentes se renovaron. Y olvidaron. México huele a fiesta y a futbol. Y olvidamos. Huele a goles y a diversión. Y olvidamos. Huele a sangre y a injusticia… La respuesta está en el aire. Cada quién celebrará el aniversario que quiera celebrar… Yo me quedo añorando y actuando con el ejemplo que nos dieron nuestros hermanos el 1ro de Enero del 59, con aquella memorable Bastilla en Julio de 1789, con aquel Grito de Dolores en 1810, con aquellos mexicanos que vitorearon antes de ser fusilados “Viva Villa” en 1910…Pero este año, a menos que algo magnánimo e incluso “milagroso” ocurriera para hacernos reaccionar y ACTUAR, solo hay que celebrar que “Si te asaltan, o te secuestran, lo más importante es que saliste vivo, por que en estos tiempos, se muere más gente por ataques violentos que de cáncer”…¿Dónde está la patria?, ¿Dónde está la libertad?, ¿Dónde están los mexicanos valientes trabajando y construyendo su “futuro mejor”?, ¿Dónde esta el cumplimiento de “Mueran los dictadores”?, ¿Dónde está el “muerte a los traidores de la patria?... ¿Dónde los encuentro?...¿DÓNDE?… ¡Ah si! Y ¡Viva el Bicentenario! no?...
Coneja del Bicentenario***

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